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EL BAIX MAESTRAT
PUIG DE LA NAU INFO

Un poblado ibérico excepcional

El yacimiento arqueológico del Puig de la Nau nos permite visitar un poblado íbero construido a mediados del siglo V a.n.e. excepcionalmente conservado. Las excavaciones en el lugar han datado varias fases previas de ocupación desde el 700 a.n.e.
Su planteamiento urbanístico, el trazado de sus calles, los diferentes edificios donde descansaban, trabajaban o practicaban el culto los íberos, el paseo por las murallas que en su día protegieron el poblado nos permitirán conocer de cerca su época y su estilo de vida.
Esta experiencia arqueológica se enriquece con las maravillosas vistas del llano litoral desde la sierra del Montsià hasta la de Irta.
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El yacimiento del Puig de la Nau nos ofrece una visión clara de la estructura urbana de un poblado íbero fortificado. A través de sus restos podemos descubrir la forma de vida de quienes fueron sus pobladores, su dinámica económica y su jerarquía social y política.

Cinco siglos de historia

El Puig de la Nau ha sido habitado desde finales de la Edad del Bronce, en torno al 700 a.n.e.

Sus primeros pobladores se dedicaron probablemente al pastoreo y construyeron en el alto cabañas de planta redondeada. Todo hace suponer que este asentamiento era ocupado temporalmente en relación con el movimiento de los rebaños y el aprovechamiento de los pastos. Su uso, en esta etapa, se prolongó aproximadamente durante medio siglo.

Es ya en la Edad del Hierro, la segunda fase de ocupación, cuando el emplazamiento se constituye en un hábitat estable que se prolongará unos tres cuartos de siglo. Los edificios construidos en esta etapa serán esta vez de forma rectangular. Las excavaciones nos indican que fabricaban cerámica a mano, pero además que establecieron contactos con otros pueblos mediterráneos que se acercaban a la costa, como los fenicios, ya que se han hallado ánforas, orzas y platos trípodes con esa procedencia.

Será a lo largo del siglo VI a.n.e. cuando el lugar puede ser considerado como un poblado ibérico, cultura que ya fabricaba cerámicas a torno. Aunque en esta fase continúan apareciendo cerámicas fenicias y posteriormente griegas, especialmente de figuras negras.

En el siglo V a.n.e. es cuando se produce la mayor expansión de este asentamiento. Es la fase más espectacular del yacimiento con un excelente estado de conservación y que podemos recorrer con detalle en nuestra visita.

En esta época se construye un poblado fortificado, es decir, defendido por una muralla y sus correspondientes torres, aunque la destrucción que produjo la cantera explotada en el siglo pasado prácticamente la ha hecho desaparecer, quedando tan solo la parte situada en el extremo oeste. Aunque es difícil de cuantificar se supone que su extensión sería de unos 7000 metros cuadrados.

El lugar que ocupa el poblado se encuentra en la ladera, aprovechando alguna zona más llana, y escalonando artificialmente las partes que presentaban pendientes pronunciadas.

Urbanismo

El asentamiento se construyó marcando primero con la muralla el perímetro a ocupar. Una vez definida ésta se trazarían los principales ejes viarios, tomando como referencia las esquinas de la muralla o los centros de las torres.

La distribución de las calles nos habla de un urbanismo planificado con un planteamiento previo para buscar la racionalización del espacio. Las calles dividirían las diferentes manzanas en donde se agrupaban las edificaciones, las cuales partían de un planteamiento rectangular.

El poblado se construye de una sola vez, y a lo largo de los aproximadamente cincuenta años en que se encuentra activo apenas sufre variaciones en su configuración..

Dentro del recinto cercado por la muralla hay un entramado de calles estrechas y en algunos casos con escalones, lo que impide la circulación con animales o con cualquier tipo de carro, por tanto, toda la circulación que habría sería a pie. La roca natural o la tierra apisonada formaban el firme de las calles. Éstas además de zona de circulación y comunicación entre las diferentes partes del poblado y sus edificios, servirían para desaguar en caso de lluvia, aunque no se sabe si ésta la sacarían fuera de las murallas mediante los correspondientes desagües como se ha comprobado en algún poblado ibérico, o bien se aprovecharía canalizándose hacia una cisterna, lo que también está documentado en la arqueología ibérica.

Arquitectura y funcionalidad

La construcción de las casas se realizó con mampostería, aprovechando las piedras del entorno inmediato al poblado. Muchas paredes serían construidas en su totalidad se construirían con esta técnica, pero en algunas ocasiones la mampostería serviría de base o zócalo, para continuar la pared con adobe o barro.

Lo más destacable de la arquitectura del Puig de la Nau es la presencia de casas con dos alturas, las cuales estarían unidas por escaleras de mampostería o de madera, o que tendrían un acceso a la parte superior aprovechando los desniveles del terreno. Las paredes se enlucirían o se encalarían, e incluso en algunas ocasiones se podían pintar de colores rojos o amarillos, formando bandas. La techumbre de las edificaciones se realiza mediante el establecimiento de un envigado de madera, sobre el que se situaba un encañizado o enramado, para terminar la cubierta con una capa de barro que impermeabilizaba y aislaba de las inclemencias. La cubierta sería plana, ligeramente inclinada para evacuar hacia la calle el agua de lluvia.

Las paredes se enlucirían o se encalarían, e incluso en algunas ocasiones se podían pintar de colores rojos o amarillos, formando bandas

Las casas tendrían una compartimentación interior con diferentes estancias, algunas de las cuales presentan hogares en el centro. Hay varios tipos de distribución, así existen edificios de una sola habitación, otros de dos, otros de tres o más. En ocasiones las habitaciones se encuentran dispuestas en altura, en otras las habitaciones no tienen comunicación directa si no es la propia calle.

Los utensilios localizados, la distribución de los hallazgos dentro de las edificaciones, así como los diversos datos ofrecidos por el registro arqueológico, proporcionan información  respecto a la funcionalidad de las edificaciones. Hay viviendas con habitaciones que presentan usos diferenciados, existen edificios para el almacenaje y la producción, edificios destinados al culto religioso, edificios para la vivienda del jerarca y el gobierno del poblado.

La estructura defensiva.

Un espacio complejo y de gran interés es el espacio defensivo que configura la muralla. Los lienzos están construidos con mampostería y los antepechos con la misma técnica constructiva. La muralla se refuerza con torres en las esquinas o en los puntos de mayor interés estratégico. Delante de esta estructura hay otro muro que conforma la antemuralla, la cual tenía como función el impedir que se acercase maquinaria de guerra durante un asalto. Aunque el entorno en el que se encontraba el poblado haría difícil cualquier movimiento con grandes artefactos. Esta antemuralla también crea un pasillo que obliga al asaltante, o al que entraba a la población, a seguir un recorrido angosto, fácil de vigilar durante todo su trecho, y en el que sería difícil desplegar un ataque.

Delante de la puerta que daba acceso a la población hay un estrecho vano de 0’90 metros de anchura situado en un recodo de la muralla. Es en este lugar donde estaría el cuerpo de guardia. Un lugar especial de vigilancia y defensa ya que detrás él estaba la vivienda principal del poblado en donde seguramente habitaba el jerarca.

 

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